Básicos de Hidromasaje (I): chorros

Todos sabemos que entrar en una piscina de hidromasaje no es solo bañarse en agua muy caliente sino someterse a toda una serie de chorros y cascadas diferentes que masajearán nuestros músculos de maneras distintas.

Los chorros( también llamados jets) se diferencias de las duchas en que emplean un solo punto de salida .

Los hay sin presión subacuáticos que están pensados para contracturas y tensiones y van variando su temperatura de fría a caliente progresivamente.

Los chorros con presión, sin embargo, aplican fuerza sobre el cuerpo y tienden a ser cálidos, se deben aplicar a una distancia de tres o cuatro metros respecto a la zona a tratar. Al contrario de lo que se pueda pensar, uno no debe permanecer quieto aguantándolo: lo es mejor es emplearlos con cierto movimiento circular, en ‘ese’ o ‘zig-zag’ y por periodos de no más de cinco minutos( los tiempos prolongados son contraproducentes). De ahí que estos pueden ser estáticos, dirigibles o con rotación automática

En el caso de los chorros que actúan bajo la piscina basta con estar a 20 cm de la salida de agua y deben evitarse zonas delicadas.

Se recomienda no secarse y descansar inmediatamente después de la exposición sino dar un corto paseo para favorecer la circulación y el aparato locomotor reactivados con el tratamiento.

Las cascadas suelen ser chorros con presión que cae sobre el cuerpo desde cierta altura y con un torrente menos ‘concentrado’, llamado cortina. A las cascadas, en general, que se sitúan en bordes localizados de las piscinas se les llama cuello de cisne y se usan para masajear cuello, hombros y la parte superior de la espalda. Existen tipos especiales con poca presión para tratar zonas con lesiones o problemas graves como dolores cervicales.

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