El souvenir… ese objeto de museo

Llaveros, figuritas, imanes para la nevera, cuadros, calendarios, monedas, monumentos en miniatura, caracolas, abrebotellas, fósiles… la lista de souvenirs es interminable. Cualquier cosa mínimamente representativa del país al que viajamos es susceptible de convertirse en souvenir, y no son pocos los consejos sobre qué regalar. Los hay muy bonitos pero también muy horteras, grandes, pequeños, inservibles, útiles, curiosos e incluso que suponen una incógnita. ¿Tu casa comienza a parecer un museo? Pues que sepas que el souvenir es ya objeto de exposición.

Dos son las muestras que pueden visitarse los próximos meses que tienen el souvenir como tema central: “Efecto souvenir. Fetiches de viaje, más allá de los tópicos”, en Barcelona, y “Souvenir, souvenir: la colección de (los) turistas”, en Tenerife. ¿Tendrá acaso el souvenir algo de obra de arte?

Aunque cuando pensamos en souvenir nos vienen a la cabeza mil y una figuritas de vendedor ambulante por las que regatear, que mayormente consisten en reproducciones tamaño mini de grandes obras de arte, Lo cierto es que la adquisición de verdaderas obras de arte en los países de destino también se enmarca dentro de la práctica turística de hacerse con un souvenir, sólo que en este caso la diferencia está en el precio, claro.

Los que queráis aproximaros a la idea del cómo han evolucionado los souvenirs, qué modelos existen y cuáles son sus nuevos lenguajes, tenéis la oportunidad de disfrutar en Disseny Hub Barcelona (DHUB) de la exposición “Efecto souvenir”, dedicada a ese objeto kitsch que casi nunca falta en ningún viaje. Gracias a esta muestra podremos infiltrarnos en varios museos internacionales para encontrar el metasouvenir más hortera y el más cool. Pinta de maravilla.

Otra opción, ésta ya un poco más seria, nos plantea un acercamiento al souvenir en el ámbito de la antropología. Se trata de la exposición “Souvenir, souvenir: la colección de (los) turistas” , en el Museo de Historia de Tenerife, donde se muestran las muy ricas y diferentes dimensiones de ese objeto universal, el más significativo del consumo turístico, y nos enseña cómo detrás de su atribuida banalidad esconden una complejidad asombrosa.

Así que ya sabéis, antes de que le tiréis a vuestro hermano a la cabeza ese sacacorchos con forma de Giralda, o condenéis al ostracismo del cuarto trastero esa máscara africana que protagoniza todas vuestras pesadillas desde que os la trajeron de Senegal, acordaos de que el souvenir es bello, y no por hortera dejará nunca de ser una auténtica pieza de museo (aunque sea el de Los Horrores).

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